El gran “timo” del marxismo

A uno siempre le pareció que el gran atractivo del marxismo es su preocupación por la suerte de las personas menos afortunadas. Uno siempre pensó que el marxismo nació al ver las penosas condiciones laborales de aquellas primeras fábricas de la revolución industrial. Uno siempre pensó que era una respuesta “natural” y humana el concebir y luchar por un mundo mejor en el que todo el mundo pudiese vivir bien.

En las películas y textos que he leído sobre uno de los iconos del marxismo, el Ché Guevara, se muestra esa evolución. Como una persona en principio acomodada y con abundantes medios de subsistencia, ve la miseria y las situaciones de explotación que hay a su alrededor y se propone luchar contra ello.

No obstante en su origen el marxismo no fue eso. Por eso titulo el “timo” del marxismo.

He leído hace poco un excelente ensayo de Mauricio Rojas titulado “Las desventuras de la bondad extrema” en el que analiza la evolución en el pensamiento de Karl Marx que le lleva a formular su teoría política. Además de todo lo que he aprendido y que os cuento a continuación también me interesó mucho por recordarme toda una serie de conocimientos sobre filosofía que había estudiado en Bachillerato y que tenía muy olvidados. Pensadores como Kant, Hegel, Spinoza, Platón aparecen en el ensayo de Mauricio Rojas.

El primer dato que llama poderosamente la atención es que Marx nunca visitó una de esas fábricas llenas de proletarios, rechazando incluso las invitaciones de su amigo Engels.

Marx tuvo acceso a una alta educación de la época, yendo a la Universidad donde fue discípulo de Hegel. Lógicamente las influencias de Hegel sobre Marx fueron notables.

En el centro de la teoría hegeliana estaba la realización de un estado supremo del orden que fuese el óptimo para la sociedad humana y que perdurase eternamente. A través de la filosofía Hegel determina cual sería ese orden óptimo y concluye que el Estado prusiano de la época lo es.

Marx como discípulo absorbe esta concepción de alcanzar un mundo perfecto. No obstante concluye que el de Hegel no lo es y que todavía queda evolución. Es así, a través de la filosofía, y no de la observación de sus semejantes desfavorecidos, como Marx llega al marxismo: a proponer un Estado que vele por el bien de la sociedad en su conjunto con una burocracia fuerte que rija el destino, a despreciar el interés y derechos individuales considerándolos subordinados a los de la sociedad, e incluso a justificar moralmente los crímenes que se pudiesen cometer en pos de la consecución de ese objetivo de la sociedad perfecta.

¿Y el proletariado? Marx elabora primero su teoría. Pero le falta alguien que la lleve a cabo. A través de la filosofía es como Marx llega a concluir que es el proletariado, por sus características de miseria y de no tener nada que perder, el que va a luchar por llegar a esa sociedad perfecta que imaginaba Marx. El proletariado es, en cierta forma, el “arma” del marxismo.

Aquí está lo que más me sorprendió de todo el análisis del origen del marxismo. No nace de una preocupación por sus semejantes, sino en un intento de sublimación de la filosofía y en una “iluminación” en la que Marx “ve” como sería la sociedad “perfecta” (para Marx, claro). El proletariado no es sino un mero instrumento en la consecución de esa ensoñación de sociedad perfecta que Marx pretendía imponer a sus semejantes incluso a la fuerza.

Como lamentablemente hemos visto después, las “iluminaciones” de Marx han tenido amplísima difusión y seguimiento. No es extraño ya que justifica la existencia de unos seres “superiores” (aquellos que ocupan los puestos burocráticos) y justifica el empleo de los medios más atroces para conseguir y mantener esa “sociedad perfecta”, con los resultados que hemos visto en los últimos 100 años.

Os invito a leer más en detalle todo el ensayo de Mauricio Rojas. En algunas ocasiones se hace denso porque profundiza en temas y corrientes filosóficas. No obstante es interesantísimo y desvelador. Por supuesto habrá otros análisis e interpretaciones, y agradezco de antemano a aquél que deje algún enlace.

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