La semana liberal (20-feb-2011)

La teoría del desprendimiento – Antonio Mascaró

Prácticamente nadie pide la completa abolición de la educación pública, si bien todos los que pueden se aseguran de matricular a sus hijos en escuelas privadas o, cuando menos, de ofrecerles clases de repaso que ofrecen instituciones privadas y particulares.

A partir de esta reflexión Antonio Mascaró elabora la teoría de que mucha gente evita en cuanto le es posible el uso de los servicios proveídos por el Estado ya que encuentra mejores, allí donde el Estado no tiene el monopolio, los servicios privados.

Tranquiliza pensar que si las cosas pintan mal, llegará Papá Estado cual John Wayne al mando del 7º de Caballería al rescate. Además, aun cuando uno no lo necesite para sí, se siente cierta satisfacción al saber que se contribuye en un esfuerzo colectivo para con aquellos que sí lo necesitan de verdad. Y, sin embargo, a poco que se pueda, cada cual intenta escabullirse de John Wayne. No es sólo que todo el mundo intenta pagar los menos impuestos que su conocimiento (o atrevimiento) fiscal le permite, ¡es que incluso se escaquean de recibir buena parte de los beneficios!

Con el paso del tiempo si hay mucha gente que tome esta opción, los servicios públicos serán cada vez menos demandados y el Estado deberá menguar por falta de demanda.

Aun viendo plausible este futuro, no estoy nada de acuerdo en que vaya a suceder así. Aquí el Estado nos está inculcando desde la cuna y la escuela un estatismo feroz y una dependencia absoluta hacia lo que nos provee. Nos está pasando, como sociedad, lo que se comenta en esta frase:

Todas las grandes civilizaciones del mundo han seguido el mismo camino. De la esclavitud a la libertad, de la libertad a la abundancia, de la abundancia a la complacencia, de la complacencia a la apatía y de la apatía de nuevo a la esclavitud. Si vamos a ser la excepción en la historia debemos romper el ciclo. Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo.

Molly Johnson, Swing Vote. Vía XLII. Membeth

Activismo liberal, ‘quo vadis’? – Juan Ramón Rallo

Construyendo sobre el artículo anterior, Rallo propone empezar el camino de la libertad. Cada uno el suyo.

si de verdad creemos en el potencial casi infinito de la libertad, deberíamos ser capaces de extraer cuantiosos frutos aun de situaciones como la actual.

muchos liberales (…) en lugar de decir a la gente: "Aprovechad ese maravilloso resquicio de libertad que aún nos queda", el mensaje es: "Sentíos frustrados, porque la plena libertad es una condición sine qua non para tener éxito en la vida, y jamás, mientras exista el Estado, tendremos libertad plena".

Por el contrario, si dedicamos nuestro tiempo no a resistir numantinamente al Estado, sino a prosperar al margen del mismo, el cambio irá emergiendo de manera no intencionada, casi sin darnos cuenta

estoy diciendo que para ir ampliando nuestras esferas de libertad (…) basta con que animemos a la gente a pensar y vivir fuera del Estado; a que sepan y aprendan a ganar dinero sin chupar del presupuesto, a educar a sus hijos fuera del adoctrinador y emburrecedor sistema de enseñanza pública, a contratar seguros médicos de bajo coste y mayor calidad que la sanidad pública o a planificar su jubilación como si la Seguridad Social no existiera, o como si sólo fuera un mero y exiguo complemento público.

Si (…) el activismo liberal se focaliza (…) en delinear estrategias que cualquier persona pueda seguir para encontrar y disfrutar de su libertad allí donde parecía no haberla, comenzará a convertirse en un movimiento de masas: sobre todo porque la gente no es tonta, y si algo funciona –y la libertad lo hace– y no requiere de un gran esfuerzo, la gente tiende a buscarlo.

Libertad es responsabilidad. La responsabilidad que cada quién tiene sobre su propia vida. La información es fundamental para ejercer esa libertad de la mejor manera. Hoy con Internet estamos más informados que nunca. Es mucho más fácil acceder a información y ejemplos que nos guíen en ese camino por librarnos de la dependencia a la que el Estado nos obliga.

Evidentemente no es tan fácil como lo pinta Rallo. Pero esto no impide que cada uno dé su primer paso. Que podría ser, por ejemplo, crear tu propio plan de pensiones. Más sobre esto en los próximos artículos.

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